La visión frágil: Nuevos conceptos en Baja Visión

retina artificial

La visión frágil: Nuevos conceptos en Baja Visión

Con el paso de los años las patologías oculares se detectan en un estado más precoz, ya sea por una mejora en los hábitos de los individuos o por los avances tecnológicos en el diagnóstico. Por una parte, cada vez hay más personas conscientes de que deben realizar una revisión ocular cada año mientras que la sofisticación de los medios tecnológicos permite detectar las patologías en estados incipientes. Gracias a esta detección precoz muchas patologías oculares han pasado de ser devastadoras (causando ceguera o baja visión severa) a convertirse en crónicas (con diferentes estadios de la enfermedad). Así pues, se han creado nuevos conceptos para definir el resto visual de las personas con enfermedades incipientes o con menos impacto que la baja visión habitual. Así aparece la visión frágil.

 

La baja visión: una definición estandarizada

Una persona tiene baja visión, según la OMS, “cuando tiene una agudeza visual (AV) inferior a 6/18 (0,3 decimal) en el mejor ojo con la mejor corrección posible, o un campo visual menor o igual a 10 grados desde el punto de fijación, pero que usa, o puede llegar a usar potencialmente la visión para planificar y realizar una tarea”. La baja visión, además, se divide en los siguientes niveles:

 

Agudeza Visual                 Campo Visual

Baja visión leve:               Igual o superior a 0,3    59%-50%

Baja visión media            Entre 0,3 y 0.2                 49%-30%

Baja visión severa            Entre 0,1 y 0,05               29%-10%

Ceguera legal                    Menor que 0,05              Menor de 10%

 

Por los motivos anteriormente expuestos, la curva de pacientes visitados por los especialistas en baja visión se está invirtiendo. Si años atrás llegaban a las consultas pacientes a los que ya les quedaba un resto de visión muy bajo con pocas expectativas de mejorar (con ceguera legal o baja visión severa) en los últimos años la tendencia se ha invertido: cada vez más son los pacientes que llegan en un estado incipiente de la enfermedad (DMAE debutante, glaucomas leves, retinopatías diabéticas…). En ocasiones estos pacientes, a los que las dolencias ya les impactan en el día a día reduciendo su nitidez visual, no encajan en ninguna de las categorías en las que se divide la baja visión. Así nace la visión frágil.

 

A qué llamamos visión frágil

Se considera que sufren visión frágil todas aquellas personas que han visto disminuida su visión funcional. Ésta es la que toda persona usa cuando desarrolla tareas del día a día, como trabajar, leer o conducir. Los test clásicos de agudeza visual, diseñados para pacientes con menor agudeza visual, son ineficaces para detectar la visión frágil, pues se basan en optoitpos de alto contraste con niveles altos de iluminación. Una situación que en poco se asemeja a las condiciones del día a día de dichas personas. Cabe remarcar que una disminución de la visión funcional impacta directamente en la calidad de la visión del paciente y, por lo tanto, en su calidad de vida. Así pues, calificaríamos a los pacientes con visión frágil según los siguientes parámetros, situándolos por encima de la baja visión leve:

 

Agudeza Visual                 Campo Visual

Visión frágil:                      Entre 0’8 y 0’3                  80%-60%

Baja visión leve:               Igual o superior a 0,3    59%-50%

Baja visión media            Entre 0,3 y 0.2                 49%-30%

Baja visión severa            Entre 0,1 y 0,05               29%-10%

Ceguera legal                    Menor que 0,05              Menor de 10%

 

¿Cómo reconocemos la visión frágil?

Hay tres síntomas principales para reconocer a un paciente con visión frágil

  • Falta o pérdida de sensibilidad al contraste: Necesidad de aumentar la iluminación
  • Fotofobia: Deslumbramiento excesivo
  • Inestabilidad de fijación

Estos síntomas pueden alterar diferentes áreas de la visión (retina, nervio óptico, área visual del cerebro…) y son causados por diferentes patologías, o una combinación de ellas, como maculopatías, glaucomas o retinopatías. La rápida identificación de los síntomas por parte del paciente acelera un diagnóstico eficaz.

 

El concepto de acompañamiento: Qué es y cómo se realiza

Cuando un paciente llega a un óptico-optometrista con los síntomas anteriormente descritos debe ser derivado a un oftalmólogo para su diagnóstico. Una vez identificada la patología causante, el especialista en baja visión debe iniciar un proceso de acompañamiento al paciente, que no es más que un seguimiento de su dolencia y la adaptación de las ayudas al resto visual del paciente en cada momento. Así pues, el primer paso es realizar una visita muy completa con el paciente (mínimo de una hora y media) en la que se hace una valoración del estado y las necesidades del mismo. El objetivo es ir adaptando las ayudas visuales a sus necesidades cotidianas, empezando por ayudas sencillas como gafas de cerca con luz, gafas potentes para ampliar la imagen retiniana o gafas con filtros selectivos para el deslumbramiento. Ir adaptando y rectificando las ayudas ópticas en posteriores visitas es clave para encontrar las más adecuadas, que permitirán al paciente aprovechar al máximo su visión funcional y ganar confort y seguridad.

 

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